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wreck this journal, zero hour

Hace dos o tres años una de las personas a las que más quiero en este universo me hizo un regalo genial. El regalo, sólo por venir de F, ya llevaba un +10000 de molonidad, así que aunque hubiera sido una bola de celo usado con pelotas de polvo pegadas yo la hubiera atesorado con amor eterno. Lo que pasa que además de la base de 10000 de molonidad, F también hace regalos que de por sí solos son lo mejor del mundo.

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Cuando me dio el cuaderno yo desconocía por completo el concepto de “Wreck this journal”, que ya llevaba tiempo dando vueltas por UK y que ahora se ha extendido incluso a España, que siempre llega a estas cosas como con un retraso de máquina del tiempo a pedales. F me lo dio, yo empecé a hojearlo y se me fueron abriendo mucho los ojos. El cuaderno, haciendo honor a su nombre, me estaba pidiendo que le hiciera unas cosas que ni las voces en la cabeza de un psicópata con imaginación. Cosas con chicles, con comida, CON SELLOS DE CORREOS, POR AMOR DE DIOS! Si nunca habéis visto este cuaderno en vuestra librería habitual, y os estáis rascando la cabeza pensando que no tengo sentido (que es posible que no), os explico: cada página viene con instrucciones sobre qué hacer con/al cuaderno. Algunas son cosas típicas de cuaderno: escribe qué tal te ha ido el día. Otras cosas son cosas típicas de cuaderno que normalmente suceden sin querer: haz que se doble el lomo. Tira el cuaderno al suelo y pisotéalo (esta se me da bien). Escribe violentamente. Y luego están las cosas de “pero por dios, cuaderno, que acabamos de conocernos”: mastica esta página, méteme en la ducha, pégame chicles. Cuadernos que saben lo que quieren.

Paradójicamente durante estos años he estado demasiado enamorada del cuaderno como concepto. Me resistía a destrozarlo porque de vez en cuando me gustaba leer las cosas que me estaba pidiendo, y sabía que una vez empezara a hacerlas algunas páginas desaparecerían para siempre. Lo único que hice fue doblar el lomo y pintarrajear la cubierta. Hasta hoy. Como todavía estoy de exámenes, y por tanto mi energía y mis ganas de hacer cosas están por las nubes, hoy he decidido que no sólo voy a hacer las cosas que me pide el cuaderno, por humillantes (para el cuaderno) que sean, sino que encima le voy a utilizar vilmente para rellenar espacio en este blog, documentando su metamorfosis de bonito cuadernillo inocente a bola de chicle, barro y caligrafía incomprensible, en un post semanal los martes mismamente en los que os contaré qué ha pasado y cuánta gente se ha pensado que tengo un problema grave. Aún no sé si haré una página por semana o simplemente iré a mi ritmo y luego recopilaré lo hecho en ese post, porque en fin, eso implicaría mucha más planificación que mi habitual “Y SI HAGO ESTO EN VEZ DE ESTUDIAR?”, pero en algún momento quedará claro.

Va a ser guay, y violento, y pringoso, y chungo, pero con amor :D