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100 cosas sobre mí que resultan ser 50

Esto ha empezado como un “me aburro y hace mucho que no hago un meme idiota” y se ha convertido en “eh, un día tendría que elaborar sobre esto, así no tendré que pensar en un tema interesante para postear”. Si os interesan los detalles macabros y asquerosos de algo en concreto no tenéis más que levantar un cartelín con el número, cual casa de subastas en plena liquidación de anécdotas estúpidas.

(Las 50 restantes otro día. U otro mes. U otro decenio. Soy una persona muy aburrida y del montón, no hay mucho donde rascar).

1. Tengo un callo enorme en el dedo medio de la mano derecha porque durante muchos años apreté el bolígrafo como si fuera el último salvavidas del Titanic. Ya he asumido que no se irá jamás.

2. Cuando me pica la garganta me la “rasco” desde dentro chasqueando la base de la lengua contra el velo del paladar y a mi madre le da mucha grima.

3. Prefiero los perros a los gatos, y no me gustan los perros pequeños.

4. Antes de ir a Edimburgo sólo había montado en avión una vez, para ir a Madrid, con tres o cuatro años. Lo único que recuerdo es que me dieron cacahuetes y me pareció flipante poder merendar en casa y cenar (tortilla de patatas) en Madrid.

5. Desde que me fui a Edimburgo he cogido una media de ocho aviones por año.

6. Mi mayor desilusión en materia de viajes fue Frankfurt. Pensaba que todavía estaba como salía en Heidi, alma cándida que era.

7. Me vuelven loca absolutamente todos los roedores y el 95% de las aves (no soy fan de los loros).

8. En Cuba mi abuela tenía loros en el jardín.

9. Nunca he estado en Cuba y desgraciadamente no llegué a conocer a mi abuela materna, así que #7 y #8 no tienen relación entre sí.

10. Estoy haciendo el grado de Estudios Ingleses en la UNED para quitarme la espinita de no haber ido a la universidad.

11. A los 11 años me encapriché de un reloj de chico con cronómetro y no me lo quité para nada hasta que se cayó de viejo. Exceptuando ese, todos mis relojes de muñeca han sido de la marca Swatch (ahora mismo llevo este, concretamente, regalo de mi hermana).

12. No bebo vino ni cerveza.

13. Nunca había llevado maquillaje hasta hace uno o dos años. Ahora tampoco llevo tanto. Mi marca preferida es Sephora.

14. Tengo anemia crónica y durante unos meses tuvieron que darme inyecciones de hierro reconcentrado para ponérmelo a niveles de anemia, porque los míos de serie eran nivel “no sé describir tus niveles de hierro sin usar valores bajo cero”.

15. MB, MA, Ventrue y yo somos amigos desde que teníamos tres años.

16. Sólo he perdido/me han robado la cartera una vez, la primera vez que vine a Alemania.

17. Mi portátil se llama Jaqen. Actualmente es un ASUS, reencarnación del Toshiba más resistente de la historia.

18. Lloré cuando cancelaron The Sarah Connor Chronicles.

19. Por mucho que me apetezca hacer algo, si me repiten demasiadas veces que lo haga se me acaban pasando las ganas. Pensároslo bien antes de hypearme algo v.v

20. Empecé a usar Google Reader una semana antes de que anunciaran que lo cerraban.

21. Mi padre y mi madre son las personas más adictas a aprender cosas nuevas que conozco. Dan un poco de miedo.

22. Soy muy maniática tomando apuntes. Por citar un par de cosas, no aguanto que la página tenga márgenes, que los títulos de secciones al mismo nivel de importancia tengan distinto formato o que un párrafo esté repartido entre una página y la siguiente (entre una cara y la otra tampoco me gusta, pero puedo hacer un esfuerzo y vivir con ello). He reescrito páginas enteras por chorradas.

23. Tengo una letra pequeñita, escuchimizada y piojosa que a veces no entiendo ni yo.

24. Mi comida preferida son las croquetas que hace mi madre, la tortilla que hace mi padre y los huevos con patatas. Si en un restaurante hay tarta de queso de postre y aún no la he probado soy genéticamente incapaz de pedir otra cosa.

25. La mejor tarta de queso que he probado fue en el Hotel Imperial de Praga, y eso fue antes de ir al baño y descubrir que los grifos eran cisnes dorados. +100 en epicidad, Praga, bien hecho.

26. Aprendí Quenya hasta un nivel bastante fluido como documentación para un fanfic terrible de El Señor de los Anillos que me gustaría poder olvidar con la misma facilidad con que olvidé el idioma.

27. Odio las bebidas con gas.

28. Hace un año me pegué un santo tortazo en la calle y todavía se me notan las marcas en las rodillas.

29. Si me levanto por la noche cierro los ojos al pasar por delante de los espejos y las ventanas.

30. En todas las historias originales que he escrito hay al menos una escena basada prácticamente palabra por palabra en hechos reales, y al menos un personaje basado directamente en alguien que conozco. A veces no les cambio ni el nombre por pura vagancia porque fuck the police.

31. Gracias a experiencias previas y demostradas, si vas por ahí diciendo a todo el mundo constantemente cosas como “a mi no me gusta el drama” y “es que soy demasiado bueno/a” y “he madurado mucho” no puedo evitar asumir que posiblemente seas un mal bicho adicto al jaleo y con 12 años mentales.

32. El primer concierto al que recuerdo haber ido fue de Emilio Aragón y las Cacao Maravillao.

33. Mi primo P toca la batería y ha estado en cinco millones de grupos.

34. La única vez que me han dado puntos (tres, en la rodilla) fue en la guardería, cuando una imbécil integral me empujó en el patio. La madre de dicha imbécil aún vive en mi barrio de Santander y cuando nos las encontramos mi madre siempre dice “Mira, es la madre de Rosa, no te acuerdas de ella?” y yo siempre respondo algo que hace a mi madre exclamar “COCO, ESA LENGUA, POR AMOR DE DIOS!”

35. Mi familia al completo y mis amigos más antiguos me llaman Coco porque cuando era un bebé no tenía pelo y me llamaban Cocoliso.

36. No puedo comer tomate crudo. No es que no me guste (que no me gusta, pero tampoco me gustan las cosas al escabeche y si hay que comérselas me las como), es que al tragarlo se me cierra la garganta y no hay dios que lo pase. Una vez está cocinado no tengo problema.

37. Aparte de MB, MA y Ventrue, mi amiga más antigua es Siana, una chica de Madrid a la que conocí en un campamento cuando tenía nueve años. Nos carteamos durante siglos y un día nos encontramos por total casualidad en el chat de Terra. Fue muy cómico y un poco terrorífico.

38. Cuando tenía 12 años escribí una novela sobre Robin Hood y Marian. Mi padre la vio en el pc y lo comentó de pasada, y me dio tanta vergüenza que la borré inmediatamente después.

39. #2 es una señal segura de que no es alergia sino catarro.

40. Tengo los ideogramas de Kabuki tatuados en el empeine del pie izquierdo y David Mack me preguntó por ellos cuando lo mencioné en twitter *desmayo fangirl*

41. Si sólo pongo una “D/P” en los “xD/xP” mientras chateamos es que me pasa algo. Algo Malo.

42. Soy torpe y me hago daño con cosas que deberían ser inofensivas a niveles que hacen a JP preguntarse cómo he conseguido llegar a la treintena recibiendo puntos sólo una vez y por cuenta ajena. Mi record hasta el momento es sacarme sangre al cortarme con una barra de pan.

43. Hoy para comer tenemos sandwiches de pollo al teriyaki y gambas en tempura. OM NOM NOM NOM.

44. Los días de trabajo como a las 12 y media y ceno al llegar a casa porque desayuno a las 6:30. Los fines de semana seguimos horario español de gente decente que no come a las 12.

45. Aprobé el examen teórico de conducir al segundo intento (en palabras de mi profesor de autoescuela “Por pensar demasiado, mira que te lo dije en clase, que eres demasiado lógica para el código circulatorio”), y el práctico a la primera una semana antes de venirme a Frankfurt.

46. Mi profesor de prácticas de la autoescuela es una de las personas más adorables y con las que más me he reído en toda mi vida.

47. Unos carnavales me teñí el pelo de negro para disfrazarme de Snape y disfrazada y todo me fui a Estvdio a comprar el (creo) quinto libro en español. Al niño que estaba delante mío en la cola comprándolo le dí el susto de su vida.

48. Mi película de Disney preferida es Lilo y Stitch.

49. TPN tiene, a día de hoy, once años, cinco meses, una semana y dos días de edad.

50. La semana pasada decidí, después de mucho pensármelo, aprender a hilar (os pensabais que no iba a caer comentario al respecto? JA). Si tenéis ovejas o la rueca de la abuela tirada en el desván es un buen momento para acordaros de cuánto os quiero :D

:DDDD

:DDDD

hola! aún vivo! relativamente!

La boda: muy bien. Íbamos todos guapos para secuestrarnos y los Picos de Europa nos hicieron un favor y dejaron que saliera el sol durante 36 horas para que la novia estuviera contenta :D

La semana de vacaciones: bien. Abundancia de churros con chocolate y rabas para el señor JP. Como siempre no sé muy bien en qué perdimos el tiempo, teniendo en cuenta que nos hemos levantado todos los días a las 9 (para mí eso es horario vacacional) y estábamos en la calle a las 9 y media.

El regreso:

Los exámenes:

La octava plaga que he agarrado en el aeropuerto:

bodorrio time is upon us

Hoy he venido a trabajar de forma cuasi-simbólica, porque a las 12 cogeré mi maleta naranja para reunirme con un señor sexy en el aeropuerto y partir rumbo a lugares igual de cálidos (7 grados en Loiu, que lo he visto en Google) porque NOS VAMOS DE BODA.

YAY
ARGH

YARGH.

Mi vestido está en Santander desde Semana Santa para engañar a Murphy, el traje de JP va en el equipaje de mano, me llevo los apuntes y se me ha olvidado la tarjeta de la oficina, así que cada vez que voy al baño tengo que quedarme en la puerta como un tristón abandonado hasta que pasa alguien y me abre, pero ME DA IGUAL PORQUE VACACIONES. Tengo unas ganas locas de ir a casa y si para ello tengo que soportar tres horas de ansiedad psicótica en el aeropuerto me parece bien y trataré de respirar hondo y dejar de pensar que nos van a volver a cancelar el vuelo (debo haber cogido más de 60 aviones en lo que llevo de vida. Sólo me han cancelado una vez, pero ahora tengo un estrés post-traumático super molón al respecto) y luego tendré dos horas de vuelo y luego una hora de coche y luego todavía quedará tiempo, depende de cómo tengamos el cuerpo, para dar un paseo antes de cenar. Y BEBERME TODOS LOS CORTADOS DEL MUNDO.

(A eso se reduce nuestro plan post-bodorrio en Santander: JP se va a comer todas las raciones de rabas y yo me voy a beber todos los cortados)

Para el avión me llevo a Bastian, obviamente, y el Elizabeth. Son vueltas largas con un patrón memorizable pero un poco porculero, así que igual no ha sido la mejor idea del mundo porque dejar vueltas a medias es algo arriesgado y no me gusta depender de mi habilidad para contar hasta cinco.

Todo lleno de lifelines, siempre. Lifelines for life.

Todo lleno de lifelines, siempre. Lifelines for life.

Sin embargo la otra opción era traerme el bebé camello. El bebé camello, para todo lo suave que es, también implica un ganchillo de 1mm (para los no-iniciados eso es tamaño “clavárselo con facilidad pasmosa”) y dos botes de cuentas. En un avión. Compartiendo asiento con mi torpeza congénita.

Y si miran a la derecha de sus asientos podrán contemplar una receta para el desastre en su hábitat natural.

Y si miran a la derecha de sus asientos podrán contemplar una receta para el desastre en su hábitat natural.

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAno.

el monstruo de zauberstein, o el moderno prometeo

Hace tiempo me compré una bola de Zauberball con una idea muy clara de en qué iba a utilizarla. No fue un momento de lujuria fugaz como esos que suelen terminar conmigo buscando una excusa para comprar Madtosh, sino una decisión calculada, fría y objetiva. Iba a hacerle unos guantes a JP e iban a ser verdes y blancos, y el verde iba a ser un verde intenso pero cambiante, e iban a partir la pana.

Descubrí que a Zauberball no le gustaba jugar con otros niños (más concretamente con Drops Merino) bastante pronto, pero aún así me empeñé en llegar hasta más o menos la mitad del primer guante antes de mirar a aquel esperpento con cara de pena y dejarlo en una bolsa en la silla, debajo de una montaña de ropa, para clavarnos las agujas cada vez que hiciéramos un movimiento en falso. La verdad es que la chispa entre Zauberball y yo se había apagado muy rápidamente; a mí sus verdes ya no me parecían gran cosa e incluso dudaba de que fuera de verdad peso fingering, por mucho que él me lo jurase. Por su parte, mi falta de experiencia y torpeza general, que los primeros días le resultaron encantadoras, empezaban a convertirse en defectos. Los dos nos dimos cuenta de que lo mejor era darnos un tiempo.

Cuando hace unas semanas volví a ordenar la ropa amontonada en la silla y apareció el medio guante me di cuenta de que, si lo mío con Zauberball iba a funcionar, había que cambiar de aires, empezando por las compañías. No le culpé. Le separé del Drops Merino lo mejor que pude. En agradecimiento él me sugirió que le usase en los mitones que le prometí a T hace tiempo. La única cosa que T había especificado era que los quería verdes, verde que te quiero verde que te mueres. Sólo era cuestión de encontrar un patrón que me convenciera (relativamente fácil dependiendo del día) y un poco de tiempo (…en fin).

Zauberball tiene un verde precioso que muta de verde bosque a verde hierba, lentamente, sin tonterías variegadas. Es suave y no tan fino como me había parecido en comparación con el Drops. Tiene un tuerce un poco demasiado fuerte, y se enrolla sobre sí mismo como si le pagaran para ello, porque está hilado con la idea de servir para calcetines. En general es una lana un poco desquiciante, pero suave y bonita. El patrón era un patrón sencillo, con un dibujo bonito pero no tan complicado como para perderse en los cambios de color. Ya había hecho unos mitones en redondo cuando estaba re-aprendiendo a hacer punto y quedaron bastante bien. No debería haber dado problemas, verdad?

Por desgracia, este mitón ha sido un poco un intento desesperado de hacer algo bien en un momento en que parece que todo está mal. Mal. Mal. Lo empecé en una mala tarde, con malos pensamientos, con la cabeza en otro lado, y lo continué obsesivamente dejando de lado todo lo demás, como si por tejer más deprisa o centrada en una sola cosa fuera a centrarme yo misma. Hasta ahora nunca había creído del todo lo que dicen por ahí de que tu ánimo influye, lo quieras o no, pero estos mitones son la prueba de que no puede salir algo bueno cuando cada punto que tejes está lleno de miedo, o de rabia, o de desequilibrio. Cumplió su objetivo a medias, que era el ocuparme la cabeza, pero ahora no puedo mirarlo sin ver todo lo que está pasando. Los puntos demasiado tensos, las escaleras irregulares, los enganchones, son como un mapa de los últimos días. Es demasiado grande, está torcido, podrido hasta las raíces y lleno de emociones negativas. No le puedo dar esto a T ni a nadie que me importe, pero no importa, porque ahora mismo ni siquiera puedo pensar en terminarlo.

hoy tuvimos simulacro

Por un lado, pereza eterna de tener que bajar quince pisos (QUINCE). Te da mucho tiempo a pensar en lo frágil de la vida humana y lo jodida que va a estar la cosa si un día hay una emergencia de verdad en este santo edificio.

(En realidad yo tengo un plan de escape bastante apañado si se diera el caso. No voy a contarlo aquí porque el secretismo es la base de su éxito, pero hay sitio para una persona más, dos si son tamaño Kristen Bell, y acepto PayPal)

Aún peor que la bajada es el momento posterior, después de pasar diez o quince minutos en el prado, en el que mil personas impacientes y algunas almas cándidas perdidas se afanan por tomar los ascensores* y volver a sus sitios como si se hubieran dejado el horno encendido en el cubículo.

Por otro lado:

En cualquier caso tus puntos de molonidad tejiendo en un simulacro sólo podrían verse superados por verte tejiendo mientras das la espalda a una explosión.

La infame señorita Nieves dixit.

Dramatización.

*Tenemos ocho, y todos esquizofrénicos. Haced cuentas.

marzo ventoso y abril lluvioso han parido un mayo asqueroso. chimpún.

Sueño. Ya no sólo por el pajarito raver de la entrada anterior, sino sueño nivel inframundo, sueño de que suene el despertador y preguntarse qué es ese ruido infernal, y que te tengan que decir “…es tu despertador, apágalo” porque estás demasiado desorientada para caer en que eh, sí, es hora de levantarse y lavarse los dientes. Sueño de lavarse los dientes y no caer en que tu cepillo es eléctrico hasta que te preguntan por qué no lo enciendes. Sueño de preparar la comida y olvidar que si hierve no deberías metértelo en la boca.

Tengo tanto sueño que a la hora de acostarme no puedo dormir de la emoción de pensar que tengo mucho sueño y quiero dormir, y cuando por fin concilio el sueño veo cosas moviéndose en las paredes. Estamos todos un poco así. Le acabo de preguntar a mi compañero qué código de referencia tiene el proyecto que tenemos entre manos ahora mismo y su respuesta ha sido una descripción detallada del argumento del juego. Después de un segundo de silencio he dicho “…OK” y hemos seguido a lo nuestro, zombis y perdidos. Todo muy feo y pucha, si el jueves no fuera fiesta aquí habría que inventarla, porque yo necesito un día libre. Pero día libre para qué? Quería hacer muchas cosas este Mayo.

1. Cosas que quería hacer este Mayo:
Participar en el Mad May
Terminar la mantita para Evan
Retomar el chal para Gin
Hacer el StoryADay
Ponerme al día con Gran Hotel (the morriña is strong in this one)
Adelgazar para el bodorrio del año
Ir a varios médicos (bueno, igual no querer-querer, pero es necesario
Leer en el balcón
Completar los posts de la semana lanera
Aprender un par de nuevas técnicas papeleras

2. Cosas que no quería hacer este Mayo:
Horas extra
Horas extra en el equipo de *cosa que no puedo deciros*
Dormir como el culo noche sí noche también
Pasarme las horas que no estoy trabajando estudiando cinco temarios tamaño “asignatura anual encajonada como cuatrimestral”
Picotear constantemente mientras estudio

3. Cosas que estoy haciendo este Mayo:
Ver punto 2

share this dragon. if you do, lucky end for them and you

Esta mañana nos hemos pasado por la tienda de Oxfam porque, aunque no se lo haya dicho a JP con esas palabras exactamente, desde que volví a trastear con las manualidades estoy de un hoarder que asusta. Iba con la idea de buscar algún libro viejo-pero-no-valioso con ilustraciones monas que carroñear, y me fijé en éste simplemente porque la encuadernación me recordaba a uno de mis Peter Pan.

No tenía ilustraciones, pero sí una tipografía muy resultona.

Así que mientras me imaginaba cientos de ATCs con distintos efectos para sacarle partido lo hojeé un poco, por si acaso me llevaba sin quererlo una plaga de langostas al piso. (Cuidadín con qué libros usáis para estas cosas, por cierto, a ver si va a venir Anne Rice con la vara) Bichos no había.

De repente ya no era un libro con una tipografía bonita sino un baúl de los tesoros en potencia. “Que haya fotos. Que haya notas. Cosas, cosas!” gritaba mi Gollum interior. Al final, sólo tréboles de cuatro hojas. Pero no uno, ni dos, ni tres.

Hay por lo menos quince o veinte más, todos tan secos que si soplo se romperán. Armas de superstición masiva, chavales.

bigger on the inside (sólo que no)

Interrumpimos un poco la programación de posts sobre lanas y borradores que nunca salen a la superficie para responder a una pregunta que ha estado haciendo las rondas en todos los estratos de mi vida desde hace al menos veinte años ya:

“Pero… QUÉ COÑO LLEVAS EN EL BOLSO?”

Hoy es el día que os enteráis.

No incluidos: los kleenex ya usados. De nada.

No incluidos: los kleenex ya usados. De nada.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo, tanto como permite mi incapacidad para hacer una de esas fotos bonitas y super simétricas:

– El bolso en sí, de Blutsgeschwister.
– Mi precioso kindle, Bastian, con mi preciosa funda personalizada a partir de una acuarela de Poggy.
– Agenda de señorita, cortesía de mi hermana.
– Carta, cortesía de la Niña Boomerang.
– Patrón del Hemlock Ring y un par de postales recogidas de algún bar y que quería usar para alguna ATC. De la que he sacado la foto las he vuelto a meter al bolso, así me van los materiales.
– MP3 con mis auriculares de Assassin’s Creed, para ser friki sólo detectable a los ojos de otros frikis (“Son de Assassin’s Creed? Serás friki…” “Pues anda que tú, que has reconocido el logo” – me dan un gallifante por cada vez que lo digo).
– Tarjeta para entrar al curro.
– Móvil de doble SIM para que en esta foto sólo haya un móvil, en vez de dos con uno de ellos perpetuamente apagado por falta de batería :D
– Una tonelada de horquillas.
– La cuarta encarnación de mi pilot b2p, que insiste en desaparecer cada vez que sopla el viento del Este. Por suerte las minas de recarga las guardo por separado como si fueran la llave de autodestrucción de la nave nodriza.
– Una tonelada de drogas anti-dolores varias.
– Dos inhaladores, para que se me terminen los dos a la vez y pasarlo mal un rato. Los asmáticos somos muy así.
– Mapa del metro de Londres. Para qué, si no tengo pensado ir a Londres en un futuro próximo y de todos modos seguro que ya se ha quedado obsoleto? Ya. Pues no sé.
– Cacaos que no uso: uno sabor granada y el otro incoloro e indoloro.
– Cajita mágica de Sephora. Para qué, si lo mío sólo lo arregla la reencarnación? Ya. Pues tampoco sé.
– Bolsa de proyecto lanil que dobla como bolsa para el super, y proyecto lanil en sí (el mencionado Hemlock Ring).
– Llave de la taquilla del curro. Si, la taquilla que sólo abre a medias y que así se va a quedar porque me da vergüenza decirle a mi coordinador que algún trozo de mierda que guardaba en ella ha bloqueado la persiana.
– Zippo de Lo que el viento se llevó. No fumo y gasté todo el gas prendiéndole fuego a etiquetas de botellas, y suele dar lugar a conversaciones muy estúpidas en la cola de seguridad de los aeropuertos, pero ahí sigue. También ha vuelto al fondo del bolso después de la foto.
– Kleenex (sin usar).
– Cartera (demasiado usada).

Ya está. Ya conocéis mis más oscuros secretos. Usadlos sabiamente.

Día 5 de encierro.

Sin cambios; si me acerco a la ventana (o desde la cama también, maravillas de hacer vida en un estudio) puedo ver a los obreros de enfrente continuando las obras de Der Eskorialen, inexorables pero sin avanzar, aparentemente, a no ser que la guardería que están construyendo tenga 25 niveles subterráneos para que se pierdan los críos (OJALÁ) y yo me lo esté perdiendo porque el edificio de la catequesis me tapa la vista. El vecino de arriba continúa las reformas de su habitación del pánico con circuito de carreras para los dos galgos hiperactivos que tiene como hijos. No le quitéis mérito, que su piso es tan grande como el mío y no sé de dónde saca espacio para seguir martilleando y taladrando todos los días. Los antibióticos acorralan a la infección y ahora ya sólo toso como un perro enfermo, en lugar de como uno zombi podrido por dentro tratando de estirparse los pulmones por pura inercia tosil. Sí, señoras y señores, tengo mi segunda (o tercera) infección pulmonar en lo que va de año. Alemania me quiere matar y lo intenta en todos los frentes.

Febrero, Marzo y Abril se están portando mal. Mal. De algunas cosas no puedo hablar y de otras no quiero hablar por aquí, así que me váis a perdonar el cripticismo de attention whore y en su lugar procederé a contaros cosas estúpidas. O cosas bonitas, como que fui a Estrasburgo antes de Semana Santa y me rebocé en amor familiar-político, y después fui a Santander por Semana Santa y me rebocé en amor familiar. Y en lluvia del Norte. Y en crema de calabaza de la que hacen mis tías (O.G.H). Además tengo un momento al año cuando me paso por la carpa de la Porticada donde tienen los pasos de la procesión y le pregunto a mi madre sobre las cosas que hacía mi abuelo cuando era mayordomo de la Virgen de los Dolores, que es así como el paso más enorme y bonito de Santander y está muy ligada a mi familia materna. Por supuesto también hicimos las estaciones, que viene a ser una excursión por los pueblos recónditos que conoce mi padre (mi padre, el GoogleMaps original en lo que a Cantabria se refiere, seriously) en la que además de subir y bajar montañas nos paramos en unas cuantas iglesias a echar unos Ave María.

Así de épicas las gastamos en los cementerios norteños.

Así de épicas las gastamos en los cementerios norteños.

Hacía, además, un año casi justo (no justo del todo porque la Semana Santa y su movilidad es así de chunga) que había empezado a ganchillear, y lo celebré por todo lo alto: llevándome dos proyectos y volviendo con los dos terminados. O mejor dicho no volviendo con ninguno, porque ambos se quedaron allí con sus respectivas dueñas. Del primero no hay fotos ni os puedo enlazar el patrón porque es el regalo de boda para mi tía M y, aunque finalmente no vaya a ponérselo durante la ceremonia, no voy a ir por ahí espoileándolo, pero podéis esperar un post al respecto en algún momento de Junio. O tal vez una foto en Facebook y punto, que una es así de vaga.

El otro era mi segundo Maia. Tengo en la carpeta de borradores de este blog un post sobre el primero que posiblemente se quedará en el limbo eterno ahora que ya ha hecho amigos allí, pero basta decir que fue el chal que me convenció para siempre de las bondades del blocking y de su papel para pasar de “braga engurruñada” a “algo ponible”. No soy muy fan del aspecto del ganchillo (ya, quién lo diría) y por aquel entonces ya estaba empezando a meterme con el punto, pero mi madre insistió en que quería el mismo patrón que el de mi tía N, y lo remató escogiendo uno de mis colores preferidos de Madelinetosh: Silver Fox.

Silver Fox siendo genial a pesar de mis manazas (foto pre-blocking, obviamente)

Lo que me gusta de Maia es que va a toda leche. Técnicamente lo empecé en Enero, pero entre exámenes y el chal de la boda le había dedicado muy poco tiempo. Traía el chal de la boda ya terminado, sin nada más que hacer que bloquearlo, así que podría decirse que he terminado el Maia en un tiempo total de una semana, con dos o tres horas al día, más los dos días que tardó en secarse en la atmósfera submarina de Santander. Lo desclavé del corcho el día que me iba, por la mañana, y mi madre se lo llevó puesto.

En toda su gloria (LOL) post-blocking

Estoy pesada con estas cosas, verdad? Lo exacerba la mierdez de año ya mencionada, qué queréis que os diga. Mientras le doy a la lana y miro Gran Reserva (QUE ALGUIEN PRENDA FUEGO A SARA, POR DIOS) o Desperado (maratón de Robert Rodriguez que nos dimos este fin de semana) no me da mi cerebro primitivo para pensar en otras cosas. También he estado leyendo cosas flojitas y facilonas; me acabé El Padrino en tres días, porque sorprendentemente no me lo había leído y algún día os contaré de qué forma tan poco ortodoxa me he visto las películas, y ahora mismo estoy rastreando literatura juvenil de esa que da vergüenza linkear, así que si tenéis recomendaciones por favor no os cortéis. Pero nada demasiado sesudo. Recordad que soy una infectada y si es muy complicado tendré que comerme mis propios dedos de la frustración.

The city below the citadel

La primera vez que vine a Niederrad, a hacer la entrevista, era abril o mayo. Veníamos tres, un chico, otra chica y yo, muertos de hambre porque mi antigua agencia nos había tenido unas cuantas horas cruzados de brazos en sus oficinas. Yo tenía la suerte de estar quedándome con Elenis, pero ellos dos habían venido sólo para el día y estaban ya para el arrastre. Igual por eso les llevé ventaja y sólo me cogieron a mí. Mi primera impresión fue que el sitio no sonaba para nada como me había descrito Elenis (principalmente porque, como descubrimos luego, no estábamos hablando de la misma sede de Nintendo xD), y que qué edificios más tochos. No había más que edificios tochos de oficinas. Más adelante descubriría que Niederrad es, en realidad, un escenario de apocalipsis zombi después de las seis de la tarde y todo el fin de semana. Os acordáis de Miranda en la película de Serenity? Tal cual.

Pero todo muy tocho.

Después de las horas de espera en la Agencia del Mal (no sé dónde andarán ahora esos malnacidos, pero estamos hablando nivel de escoria “cúpula del PP”) también nos tocó esperar un buen rato en la recepción. Me acuerdo de ver pasar a gente que luego serían mis compañeros, y también del infarto que me dio cuando pasó por delante una chica idéntica a Holly, la gótica del Averno de la granja. Estuve a punto de dar media vuelta allí. Por fin nos subieron a la cocina del piso 15 a seguir esperando. Hacía un día soleado y muy primaveral, estaba todo verde y nada más mirar por la ventana le mandé un sms a alguien. “Desde aquí se ve la selva”, decía. Me gustó la vista.

Lo del apocalipsis zombi tiene, como toda película de zombis que se precie, su componente de parábola sobre el barrio. Es un barrio muy tocapelotas para todo lo que no sea teclear en tu cubículo, y para teclear en tu cubículo a veces también da por culo. En mi caso fue porque después de aquel primer día de entrevista el único momento en que pude disfrutar de la vista era cuando iba a la cocina. He cambiado de sitio tres veces desde entonces: las dos primeras dentro de la misma zona, la del centro, donde no llega el aire, ni la luz, ni las ganas de vivir.

A la tercera, hace dos semanas, por fin me ha tocado ventana. Es todo lo que siempre había querido de este departamento.

Sacada desde la cocina, claro