otra para los sensibles de estómago (the muela chronicles, parte II)

Como sé que estáis deseando saber cómo le hice competencia a todos esos doctores de las películas que practican traqueotomías en bares usando bolis bic, así es cómo sucedió:

Mi muela o, mejor dicho, el vacío sangriento que ha dejado en mi vida, ha estado evolucionando desde la última vez. Donde antes había un agujero, siguió habiendo un agujero durante un buen rato. De hecho llegó un momento en que me entró el terror de que la dentista me hubiera dejado algún tubo o algo para evitar que se me cerrase, con vistas a una futura inserción de implante de 2000 euracos del ala que yo no tenía (ni tengo) intención de ponerme. Así que el día que tanteé con la lengua y me pareció tocar algo al fondo fue un día bastante feliz. Resultó que el agujero había sido tan profundo que por supuesto que se había ido rellenando, pero para notarlo habría necesitado una lengua de dimensiones mutantes. Pronto quedó claro que sí, albricias y pompones, donde sólo había habido dolor y vacío ahora había dolor y carne. Estaba la cosa muy sensible y tierna, pero empezaba a salir.

Así estuvimos un par de semanas más, con carne dentro del agujero y yo aguantándome las ganas de estar todo el día toquiteándola con la lengua. De vez en cuando aparecía algo durillo. Lo tocaba un poco y resultaba ser un cachito de diente, como un granito de arena, que se despegaba rápidamente. Dejó de dolerme tanto así que pude dejar de drogarme (ligeramente, porque sigue sangrando) y me imaginaba el proceso cual tejedor orgánico trabajando a contrarreloj en la herida, un poco como cuando reconstruyen a Leeloo en El Quinto Elemento, aunque con menos lucecitas y sin Bruce Willis, afortunadamente. Seguía habiendo dos trincheras a los lados del agujero, pero confío en que eventualmente se funda todo.

El viernes tenía la carne nueva hinchada. Normalmente tiene una rugosidad al medio, de los dos trozos separados que eran antes. A fuerza de dar por culo con la lengua se deshinchó. El sábado por la noche me medio desperté y me toqué la herida y, sorpresa, había algo sólido, pinchoso y relativamente grande. Lo moví un poco y se puso a sangrar, pero no salió. Me quedé dormida. El domingo por la mañana me había olvidado del tema hasta que volví a tocarlo; otro trozo de diente? me estaba saliendo un decimoquinto colmillo? (lo mío con los colmillos supernumerarios es carne de Bram Stoker). Llamé a mi hermana.

(Explico ahora, que igual os estáis pensando que mi hermana rige todos los aspectos de mi vida, que la niña fue asistente de mi dentista durante unos meses y de ahí tanta consulta y tanta cosa)

Mi hermana me dice que será un cacho de diente y que ya se me caerá, o que si quiero me lo saque, que debería salir tocándolo con la lengua. Mi lengua será muchas cosas pero no es una navaja suiza y eso no termina de salir y cuando lo toco sangra. Así que hice lo que cualquier persona en su sano juicio habría hecho en mi lugar: esperar a que el diente lo expulsase coger las pinzas de depilarme el bigote e irme al baño. No podía dejar eso ahí. Estaba claro que tenía un buen enganche y quién me decía a mí que mi carne nueva no era una puta cobarde y decidía darse por rendida y abrazarse al enemigo? No la conozco tanto. No sé qué clase de tejido orgánico es. Tenía que encargarme de ello yo misma.

Así que ahí me pilló el domingo a las 10 de la mañana, boca abierta, espejo del baño, luz del espejo del baño rota y espejo inútil porque no hay manera posible de que pueda abrir la boca tanto sin romperme la mandíbula, pinzas de sacar pelos. Toqueteo con la lengua. Primer intento. No meto la pinza lo suficiente. Segundo intento. No engancho. Tercer intento. Engancho y tiro. SUCCESS!!. Algo más de medio centímetro de largo (el cabrón era grande y una no quiere exagerar, así que lo medí) y con esta forma:

Diseñado para engancharse, vaya. Lo miré por todos lados, me sentí tremendamente orgullosa de mí misma, consideré por unas horas unos instantes meterme a cirujana y luego lo tiré por la baza. Como premio y gracias a mi valiente ejemplo parece que el hueco ha decidido echarle cojones y endurecerse un poco, porque ahora casi, casi, se siente como si pudiera volver a usar ese lado de la boca. Casi.


  • dalet

    September 10th, 2011

    Yo habría muerto ya en el 1×01.

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