interrumpimos brevemente la saga molar para quejarnos

(Sé que estáis deseando seguir riéndoos de mi dolor, pero va a tener que esperar porque el drama post-extracción de la muela número 1 está todavía en desarrollo, si bien en las últimas horas ha tomado un giro inesperado de su género de terror habitual y ahora se inclina más hacia la comedia surrealista de persona puesta de analgésicos incapaz de comportarse como un humano funcional)

K llega en *mira el reloj* CUATRO HORAS y llevamos tres meses sin vernos y estoy muy emocionada haciendo boloñesa y metiendo películas en Jaqen e intentando ponerme medio guapa en este calor infernal. Está siendo difícil. Sudo hasta por el agujero de la muela, voy a esperar todavía un par de horas más antes de siquiera pensar en maquillarme, y alisarme el pelo después de salir de la ducha es una utopía; lo haré justo antes de salir para el aeropuerto y con suerte en los 10 minutos que separan mi casa de Parayas sólo me metamorfosearé en medio caniche.

Y luego está lo que ha pasado con la ropa.

13:00 – Adhi sale de la ducha dispuesta a ponerse uno de sus vestidos preferidos. Al subir la cremallera, la cremallera se engancha. “No pasa nada”, afirma nuestra ingenua protagonista, “Tiraré un poco para abajo”. La cremallera no va ni para arriba ni para abajo. Tras darse por vencida y quitarse el vestido como puede, una cuidadosa inspección corrobora sus peores temores: de alguna manera la cremallera ha sido sustituida por un sarlacc que ha engullido al menos la mitad de la tela del vestido, digiriéndola hacia otra dimensión. Nuestra protagonista no tiene más remedio que ponerse otro vestido.

14:30 – Adhi come como puede unos espaguetis con tomate, que viene a ser masticar con el lado izquierdo, poco y mal. Es muy cansino y todo sabe a dentista y no da lugar a sorbetones ni a disfrutar como es debido de los espaguetis, que encima estaban muy buenos. Todo muy comedido y con movimientos pausados, a lo duquesa viuda comiendo espaguetis con tomate. Por eso resulta todavía más ridículo cuando al final de la comida descubre que una minúscula gota de tomate se ha abalanzado sobre su vestido, en plan medalla al valor. El vestido era muy mono y muy fresco y de una tela que por lo visto multiplica el potencial expandible de las manchas porque en serio, no ha tenido control ninguno a la hora de absorber. Adhi se rinde y se pone unos vaqueros y una camiseta de tirantes.

16:00 – Adhi sale a hacer recados. Adhi abre la puerta del portal. Adhi cierra la puerta del portal. Adhi da dos pasos. Adhi recibe una cagada de paloma en todo el hombro.

Aprovecho para anunciar que no le hago ascos a tarjetas regalo del Primark ni donaciones de ropa y calzado (uso una cuarenta de zapatos y una ballenavarada de pantalones).


Comments are closed.