Crónica de una ruptura

A principios de año podía hacer ida y vuelta Frankfurt-Bilbao por 163 euros. Para 2014, el billete más barato son 305 y tienes que volar a Düsseldorf y desde allí coger un tren. Si quieres hacer Bilbao directo, se te pone la broma en cerca de 500 carapanes.

Y esta es la triste y breve historia de cómo Lufthansa dinamitó una de las pocas cosas que aún me gustaban de Frankfurt.

(no digo que no volvamos a enrollarnos cuando no quede más remedio y esté desesperada, línea Frankfurt-Bilbao, pero espero que sepas que me bajaré las bragas sintiendo absoluto desprecio por ti y tus fideos fríos)


si Mahoma no va a Mordor…

Esta es una historia sin final feliz a la vista, de mucha violencia y tensión psicológica.

Seguimos sin que nos arreglen la calefacción. Como sabéis la mayoría, el 21 de septiembre volvimos de Santander y la calefacción estaba encendida. Eso no nos sorprendió porque los alemanes, en un despliegue de alemanidad, encienden la calefacción cuando se acaba el verano (literalmente el día que se acaba el verano) y la apagan cuando empieza la primavera, llueva, truene o llegue una nueva era glacial. Lo malo era que juraríamos haberla dejado apagada. Lo malísimo era que, como comprobamos al cabo de unos días, técnicamente debería estar apagada pero no lo estaba. No lo estaba para nada. Estaba bloqueada en el máximo. Y ahí empezó la odisea de llamadas y citas canceladas y “ya te atenderemos en otro momento, que hay pobre gente por ahí a la que no le funciona la calefacción! Y estamos a 2 de octubre! Hace como 20 grados, ya han perdido tres dedos por efecto de la congelación!”.

Desde el amor os digo, a los frioleros, que dejéis de tocar los cojones, lo vuestro se arregla con una puta manta.

Total, que llevamos mes y medio muriéndonos un poco. Todas las noches nos enfrentamos a la misma decisión de mierda:

– Dormir con la ventana abierta para poder respirar pero disfrutar de todos los ruidos de la calle, incluyendo la carrera de fórmula 1 de todas las noches Friedberger arriba y Friedberger abajo

– Dormir con la ventana cerrada:

Y es un coñazo de decisión, gente. Da igual que le estemos pagando la universidad y el apartamento en Marina D’Or a la plantilla de Nivea, se nos está cayendo la cara y a estas alturas podría arrancarme el hígado o cualquier otro órgano y meterlo en una bolsa de ciruelas pasas y nadie se daría cuenta y ALGUIEN SE COMERÍA MI HÍGADO. Añadid a eso que aquí no se puede hacer nada de forma directa y tenemos que pasar por tres intermediarios para suplicarle a un señor que venga a arreglar la ruedecilla y nos libre de este sufrimiento, y podéis imaginaros la esperanza en nuestros dulces ojillos cuando esta mañana pareció que la cosa era arreglable.

Pero no. Por supuestísimo que no. Porque por lo visto nuestro radiador precede al edificio, en plan monolito lunar, y nadie sabe qué marca es ni qué compañía los fabricaba, ni siquiera si todavía existe. Así que tenemos un radiador rebelde, vintage y extraterrestre, todo en uno. Si me traéis algo frío os hago descuento en la entrada.

(El NaNo bien! Al día! Sorprendentísimamente!)


la triste historia de una adhara que paga para que la timen

Una de tuiteos para la posteridad, por si algún día se me olvida lo enfadada que estoy con mi mierda de universidad (ja!)


echando de menos a la SGAE (sí, en serio)

Si vivís o habéis visitado Alemania e intentado ver casi cualquier cosa en YouTube, estaréis familiarizados con este pedazo de mierda:

Traducción: Somos un país de putos pelmas que ni comen ni dejan comer

La GEMA viene siendo la hermana mayor, abusona y porculeramente activa de la SGAE. Mientras la SGAE se limita a dar por saco de vez en cuando y a dar mucha risa a la vez, la GEMA es omnipotente, omnipresente y omnipesadaquetecagas. Te bloquea YouTube y Grooveshark y las ganas de vivir, deja que bufetes de abogados te chantajeen si te bajas un mp3 raquítico (ask me how i know) y en general está ahí para que Adh le coja todavía más cariño al alemán way of life. Yo pensaba que el colmo de la ridiculez era que bloquearan los vídeos oficiales que los propios artistas cuelgan en sus propios canales (…), pero al parecer no. Ni de lejos.

Pongamos que tienes la desgracia de vivir en Alemania y haces una fiesta de cumpleaños. Como no te puedes permitir pagar por un piso decente y cuando ven que eres de fuera los caseros te ignoran o te timan, vives en un estudio de 30 metros cuadrados, así que sólo invitas a gente cercana. Todos se conocen entre ellos. Enhorabuena! La GEMA considera esto un evento privado, así que puedes poner música sin pagarles una pasta por hacerlo! (Pero más te vale no querer enseñarles el último vídeo oficial de Within Temptation en su canal de YouTube. Estos artistas comunistas de mierda son peores que los piratas)

Mientras tú y tus cuatro amigos os turnais por ver quién se sienta en el sofá, suena el timbre. Es un vecino nuevo y quiere saber si le puedes prestar un par de cucharillas de yogur porque los del camión de la mudanza le han perdido la caja de la vajilla (aunque obviamente los de la mudanza, siendo alemanes, dicen que la culpa es suya por no haber llevado la vajilla él, así que además de dejarle sin vajilla le han multado). Tu vecino no está sordo y oye la música. Tu vecino no conoce a los invitados, o conoce a dos o tres porque comparten camello, o dios sabe qué otro horrible faux-pas social, pero todavía no había pasado a presentarse por tu casa.

*drama button*

Tu fiesta es ahora un evento público y como tal tienes que pagar a la GEMA o atenerte a las consecuencias. Pero no te preocupes! Si al año siguiente invitas a los mismos cuatro amigos (pero ojo! tienen que ser los mismos!) y decides extender la invitación al vecino ya no pasa nada, porque todos se conocen entre sí.

Y esto, queridos amigos, es lo que yo llamo lógica alemana en estado puro*. Me gusta imaginarme a un señor de la GEMA viniendo a tu casa a interrogar al vecino y a los invitados, en plan esos señores de inmigración que te examinan para ver si tu matrimonio es de verdad. “Ah, así que usted conoce a este invitado? Veamos, cuál es su color favorito? Qué opinó del final de Lost? Cómo era la relación con su tía abuela?”.

Si tenéis más de tres fallos entre los seis, tu fiesta es un evento público y tú un criminal de la peor calaña.

(la parte donde dice “lógica” siempre es figurada si va seguida de la palabra “alemana”)


Los lunes son normalmente un buen día para hacerse una idea de cómo va a ir la semana. Podría decir que ayer, cuando me desperté luchando por respirar y agarré el inhalador como si fuera una jeringuilla de adrenalina y yo Mia Wallace en plena sobredosis, sólo que la mía era una mezcla muy guerrillera de alergia y asma, fue cuando me di cuenta de que esta no tampoco iba a ser mi semana. Pero no.

Hoy fui al supermercado de al lado de la parada del tranvía. En su fachada había una valla publicitaria y en la valla publicitaria un anuncio no sé de qué, con un conejo blanco muy bizco y muy gracioso.

“Uy!” pensó nuestra inocente protagonista, “en cuanto salga del super le hago una foto para mandársela a mi hermana”. Estuve en el super 6 o 7 minutos, 1 dedicado a coger el pollo que iba a coger y el resto en la cola de la caja. Cuando salí, teléfono en mano, un señor muy hacendoso se esmeraba en colocar y encolar bien recta la última tira del nuevo anuncio que estaba sustituyendo el anuncio del conejo.

Y entonces, señoras y señores, fue cuando supe que esta semana no TAMPOCO va a ser mi semana.

(Lo de llegar a casa aún lamentándome por la huida del conejo bizco y encontrarme un mail que creo que básicamente dice que me bajan el sueldo fue sólo la guinda. Viva.)


de todo menos Chomsky

A un mes de los exámenes o en medio del NaNoWriMo o a dos semanas de Navidad, o en general en el peor momento posible de algo que requiera de tiempo y concentración, siempre me invade un ansia horrible por hacerlo todo (todo menos lo que tengo que hacer, se entiende) y arrastrar a otros conmigo. Estudio pensando en fanzines que jamás existirán, en novelas ilustradas o colecciones de relatos que van a escribir los duendecillos pero que quedarían monísimos en Issuu, en tiendas de Etsy vendiendo encargos que no me daría tiempo a terminar y en volver a escribir esos diarios tan bonitos por fuera y tan chungos por dentro, con cosas que me encontraba en el suelo grapadas de cualquier manera. Quiero llenar Moleskines de acuarelas, así que tengo que aprender a pintar, y retomar el malabarismo de contacto, y escribir todas las novelas que dejé a medias y todas las novelas que destruí cuando alguien las sacó a rastras a la luz. Son las seis semanas al año en las que mis argumentos y personajes me parecen atrayentes, porque están al otro lado de una montaña de apuntes sobre Cicerón y sus aportaciones a la retórica (o peor aún, la teoría de la traducción y sus no-aportaciones al Universo en general). Me planteo desempolvar el Photoshop, reinstalar en Freehand y recopilar los clips para todos los fanvids que tengo apuntados por ahí, y de paso terminarme el Dragon Age II, el Fable III y el Mirror’s Edge. Quiero escribiros cartas y aprender más técnicas de origami que las grullas de papel, dedicarle tiempo al scrapbooking, pulir mis yarn overs y los remates, poner orden en mi bolsa y buscar un proyecto para cada montón de lana. Gracias a Dios no tengo espacio porque si lo tuviera también querría una máquina de coser y aprender a ídem, igual que ya me están atacando las ganas de comprarme un bastidor para bordar murales tamaño salón de señor feudal. Actualizo con cualquier chorrada mi perfil de LinkedIn, posteo sin tener nada que decir y gimoteo porque debería corregir Acquaforte pero tengo que estudiar, y de todos modos tampoco soporto corregir. Es como si alguien te cogiera de los pelos de la nuca y te hiciera jugar a atrapar la manzana con los dientes en un lavabo lleno de zumo de limón. Os acordáis de cuando escribía fanfics tamaño novela? Yo sí, mucho. Era fácil. Era divertido. En realidad era vergonzoso de malo, ni fácil ni divertido, pero el tiempo y la obligación de hincar los codos han ido limando esas asperezas y ahora lo veo todo idealizado y envuelto de algodón de azúcar, una bola de angst para asesinar diabéticos.

Hacedme callar, mandadme a la mesa con mis apuntes y no me déis de comer después de la medianoche, por favor.


summer child

Cuando era pequeña el verano tenía varias ceremonias familiares ineludibles. Una de ellas era la Virgen del Carmen, que en Santander se celebra mucho por eso de que somos más de mar que el capitán Pescanova. Básicamente en todas mis familias hay una Carmen o dos y por lo visto yo estuve a un tris de ser Carmen también, o eso me han contado. Todos los 16 de julio mis tías maternas se iban de peregrinación a Revilla a las tantas de la madrugada, incluyendo a cierta Carmen que ahora celebra su primer santo como “señora de” (os tengo que enseñar fotos de la boda <3), cuando el Pryca-que-ya-no-es-Pryca-pero-lo-será-siempre marcaba una frontera entre la civilización y lo más profundo del salvaje Peñacastillo. En mi familia materna nos juntábamos todos para comer albóndigas en casa de mi tía abuela y luego, si había ganas y no llovía, bajar a la procesión. Entre una y otra al final la Virgen del Carmen es uno de los pocos santos de los que no necesito recordatorio, y como estoy morriñosa y nostálgica lo voy a celebrar contándoos un par de cosas aleatorias no sobre mí sino sobre mi tía abuela, que era una persona mucho más interesante: - Vivía en la casa con los techos más altos del mundo. El arquitecto fue un enano de Moria, lo menos. - Era costurera profesional y creo que en su taller/salón conocí a la mitad de las señoras de Santander. - Siempre tenía alguna golosina a mano. - Como todo el mundo, usaba las latas de galletas o de bombones Nestlè para guardar botones o hilos. El problema es que al ser costurera profesional tenía bastantes más botones e hilos, y por tanto latas decepcionantes, que la mayoría de la gente. - En su probador se estrenaron el 95% de los juguetes de Reyes de la familia. Era mi habitación preferida de la casa, pero el vestidor adyacente siempre me dio un poco de miedo. - Una vez me dio de merendar un poco de una miel que alguien le había traído de Francia y fue la miel más rica que había probado en mi vida. Hace un par de años me compré un bote de miel al azar y con la primera cucharada se me saltaron las lágrimas del flashback (miel de acacia, para los curiosos) - Usaba gafas (de sol y normales) siempre enormes, à la Jackie Kennedy. - Era la defensora de los animales más ferviente que he conocido y no recuerdo un momento en que no tuviera o gato o perro o los dos. - Nunca se casó. No sé por qué, pero sospecho que porque no le dio la gana (olé). - No tenía edad ni cumpleaños, al menos que yo sepa. Alguna vez le pregunté a mi abuelo y él tampoco lo recordaba. Si le preguntabas cuántos años tenía siempre respondía "Quince", y yo de pequeña me lo creía. - Nadie la llamaba Carmen.


we’re coming to the borderline

Mis señores padres vinieron y se fueron. Ellos dicen que han estado aquí seis días, pero no les creáis, han sido cinco minutos. Como no iba a poder pasarme por España desde finales de Mayo a medidos de Septiembre y me tiraba un montón el cordón umbilical decidieron venir ellos aquí (la montaña, Mahoma, etc etc), pero como odian Frankfurt igual que cualquier persona normal hemos pasado el fin de semana en Estrasburgo, y luego ellos se fueron de paseo por el Rin a chupar sol. En Estrasburgo yo me escandalicé durante horas por los precios de los trenes, un escandalizamiento (¿?) de esos de combustión lenta a los que vuelves una y otra vez, y cada vez te indignas más, y al final la gente con la que estás empieza a decirte “QUE YA VALE, COÑO, QUE LO DEJES!” en cuanto te ven abrir la boca porque saben que vas a volver a decir lo mismo, pero más indignada. Yo soy muy de rumiar las injusticias hasta que me salen granos. Ellos no se llevaron el mismo cabreo, y además conocieron a los padres de JP.

(Supongo que en alguna cultura eso quiere decir que ya estamos oficialmente casados. La lista de bodas está en Amazon)

No voy a hablar mucho de los padres de JP porque es su familia y si hablo poco de la mía para preservar intimidades sólo faltaba que os hiciera aquí una radiografía de la ajena, pero baste decir que para todo lo troll que es JP (mucho. muy troll <3) sus padres son encantadores y adorables, incluso con la barrera lingüística de por medio. Además nos comunicamos en el lenguaje universal de la comida, que es un lenguaje que la madre de JP domina que no veáis (GHGHGHGHGHGHGHGHGHHHHHHGHGHGHGHGH), e hizo sol (que bueno, a mí me enerva pero a mis padres les gusta), y paseamos por el río y MORRIÑA, MORRIÑA BESTIAL, QUIERO A MI MAMÁ Y A MI PAPÁ T______________T

Las cosas que no salieron como esperábamos (LO DEL TREN, MISMAMENTE) terminaron siendo para mejor, pero sólo duró la magia hasta ayer. Fue llegar a casa llorosa y muerta de calor después de dejarles en el aeropuerto y empezar a torcerse todo. Intenté hilar, se me rompió el hilado tres veces. Intenté hacer punto, me confundí en los tres proyectos con los que me puse. Intenté ver Top of the Lake y me tocó una versión censurada. CENSURADA. Es una serie sobre la desaparición de una niña de 12 años embarazada PERO LO OFENSIVO ES UN SEÑOR DICIENDO “SHIT”??

Al menos este fin de semana tengo un fin de semana. Lo dedicaré a compadecerme de mí misma hecha un ovillo junto al ventilador.


Querida señorita de la cafetería del edificio de enfrente:

Aunque nos conocemos de vista y mantenemos una relación cordial, la barrera lingüística nos ha impedido intercambiar más que algunos gestos extraños y transacciones comerciales del tipo yo te doy dinero y tú me das galletas y café. A mí me vale, porque incluso barrera lingüística de por medio te sueles meter mucho conmigo, y sé que no lo haces con mala intención, pero yo soy de esa gente a la que sólo le van las pullas con gente con la que tiene confianza. En general, sin embargo, tiendes al guaycismo.

Ahora no sé qué hacer contigo y con tu calificación de persona guay. Ya no vamos tanto por tu cafetería y sé que habrás notado nuestra ausencia, porque de aparecer allí todos los días puntualmente a las doce hemos pasado a aparecer como las manchas en las camisetas recién sacadas del tendal, sin avisar y a traición. Sé que esta mañana cuando pasé por tu esquina de la recepción a las siete y cuarto tú no tenías manera de saber que llevo una semana más puta que la Zapatones, que estoy pasando una media de diez horas al día en la oficina, chupando rayos consólicos, que mañana sábado trabajo y que me había dejado en casa, con las prisas y sin desayunar, el café que me había hecho en el termo. Por eso mismo, por no saberlo, tiene el doble de mérito que desoyeras los grititos de la recepcionista diciéndome que no abrías hasta las ocho y me hicieras un capuccino a escondidas para que nadie más decidiera pedir uno y montarte el pollo.

No sé qué hacer contigo porque ya no tiendes al guaycismo. El guaycismo ya no es una escala apropiada para medirte. Lo menos sería que te casaras conmigo, barrera lingüística y todo, o si prefieres podemos llamar a un abogado que ponga por escrito que me has salvado la vida y, como hemos aprendido en las series, ahora estoy en deuda contigo hasta que pueda ayudarte a subir a un tren en marcha milisegundos antes de que se te acabe el andén. El andén estaría en llamas, además. O lleno de zombis. Podemos hablarlo con el abogado.

Dime qué piensas. Sigue siendo más-que-guay. Llámame.

Con amor y cafeína,

Adhara

PD: sé que no hablas español y en teoría no deberías entender esta carta, pero el amor no sabe de idiomas.

Daughter of PD: we have a connection


100 cosas sobre mí que resultan ser 50

Esto ha empezado como un “me aburro y hace mucho que no hago un meme idiota” y se ha convertido en “eh, un día tendría que elaborar sobre esto, así no tendré que pensar en un tema interesante para postear”. Si os interesan los detalles macabros y asquerosos de algo en concreto no tenéis más que levantar un cartelín con el número, cual casa de subastas en plena liquidación de anécdotas estúpidas.

(Las 50 restantes otro día. U otro mes. U otro decenio. Soy una persona muy aburrida y del montón, no hay mucho donde rascar).

1. Tengo un callo enorme en el dedo medio de la mano derecha porque durante muchos años apreté el bolígrafo como si fuera el último salvavidas del Titanic. Ya he asumido que no se irá jamás.

2. Cuando me pica la garganta me la “rasco” desde dentro chasqueando la base de la lengua contra el velo del paladar y a mi madre le da mucha grima.

3. Prefiero los perros a los gatos, y no me gustan los perros pequeños.

4. Antes de ir a Edimburgo sólo había montado en avión una vez, para ir a Madrid, con tres o cuatro años. Lo único que recuerdo es que me dieron cacahuetes y me pareció flipante poder merendar en casa y cenar (tortilla de patatas) en Madrid.

5. Desde que me fui a Edimburgo he cogido una media de ocho aviones por año.

6. Mi mayor desilusión en materia de viajes fue Frankfurt. Pensaba que todavía estaba como salía en Heidi, alma cándida que era.

7. Me vuelven loca absolutamente todos los roedores y el 95% de las aves (no soy fan de los loros).

8. En Cuba mi abuela tenía loros en el jardín.

9. Nunca he estado en Cuba y desgraciadamente no llegué a conocer a mi abuela materna, así que #7 y #8 no tienen relación entre sí.

10. Estoy haciendo el grado de Estudios Ingleses en la UNED para quitarme la espinita de no haber ido a la universidad.

11. A los 11 años me encapriché de un reloj de chico con cronómetro y no me lo quité para nada hasta que se cayó de viejo. Exceptuando ese, todos mis relojes de muñeca han sido de la marca Swatch (ahora mismo llevo este, concretamente, regalo de mi hermana).

12. No bebo vino ni cerveza.

13. Nunca había llevado maquillaje hasta hace uno o dos años. Ahora tampoco llevo tanto. Mi marca preferida es Sephora.

14. Tengo anemia crónica y durante unos meses tuvieron que darme inyecciones de hierro reconcentrado para ponérmelo a niveles de anemia, porque los míos de serie eran nivel “no sé describir tus niveles de hierro sin usar valores bajo cero”.

15. MB, MA, Ventrue y yo somos amigos desde que teníamos tres años.

16. Sólo he perdido/me han robado la cartera una vez, la primera vez que vine a Alemania.

17. Mi portátil se llama Jaqen. Actualmente es un ASUS, reencarnación del Toshiba más resistente de la historia.

18. Lloré cuando cancelaron The Sarah Connor Chronicles.

19. Por mucho que me apetezca hacer algo, si me repiten demasiadas veces que lo haga se me acaban pasando las ganas. Pensároslo bien antes de hypearme algo v.v

20. Empecé a usar Google Reader una semana antes de que anunciaran que lo cerraban.

21. Mi padre y mi madre son las personas más adictas a aprender cosas nuevas que conozco. Dan un poco de miedo.

22. Soy muy maniática tomando apuntes. Por citar un par de cosas, no aguanto que la página tenga márgenes, que los títulos de secciones al mismo nivel de importancia tengan distinto formato o que un párrafo esté repartido entre una página y la siguiente (entre una cara y la otra tampoco me gusta, pero puedo hacer un esfuerzo y vivir con ello). He reescrito páginas enteras por chorradas.

23. Tengo una letra pequeñita, escuchimizada y piojosa que a veces no entiendo ni yo.

24. Mi comida preferida son las croquetas que hace mi madre, la tortilla que hace mi padre y los huevos con patatas. Si en un restaurante hay tarta de queso de postre y aún no la he probado soy genéticamente incapaz de pedir otra cosa.

25. La mejor tarta de queso que he probado fue en el Hotel Imperial de Praga, y eso fue antes de ir al baño y descubrir que los grifos eran cisnes dorados. +100 en epicidad, Praga, bien hecho.

26. Aprendí Quenya hasta un nivel bastante fluido como documentación para un fanfic terrible de El Señor de los Anillos que me gustaría poder olvidar con la misma facilidad con que olvidé el idioma.

27. Odio las bebidas con gas.

28. Hace un año me pegué un santo tortazo en la calle y todavía se me notan las marcas en las rodillas.

29. Si me levanto por la noche cierro los ojos al pasar por delante de los espejos y las ventanas.

30. En todas las historias originales que he escrito hay al menos una escena basada prácticamente palabra por palabra en hechos reales, y al menos un personaje basado directamente en alguien que conozco. A veces no les cambio ni el nombre por pura vagancia porque fuck the police.

31. Gracias a experiencias previas y demostradas, si vas por ahí diciendo a todo el mundo constantemente cosas como “a mi no me gusta el drama” y “es que soy demasiado bueno/a” y “he madurado mucho” no puedo evitar asumir que posiblemente seas un mal bicho adicto al jaleo y con 12 años mentales.

32. El primer concierto al que recuerdo haber ido fue de Emilio Aragón y las Cacao Maravillao.

33. Mi primo P toca la batería y ha estado en cinco millones de grupos.

34. La única vez que me han dado puntos (tres, en la rodilla) fue en la guardería, cuando una imbécil integral me empujó en el patio. La madre de dicha imbécil aún vive en mi barrio de Santander y cuando nos las encontramos mi madre siempre dice “Mira, es la madre de Rosa, no te acuerdas de ella?” y yo siempre respondo algo que hace a mi madre exclamar “COCO, ESA LENGUA, POR AMOR DE DIOS!”

35. Mi familia al completo y mis amigos más antiguos me llaman Coco porque cuando era un bebé no tenía pelo y me llamaban Cocoliso.

36. No puedo comer tomate crudo. No es que no me guste (que no me gusta, pero tampoco me gustan las cosas al escabeche y si hay que comérselas me las como), es que al tragarlo se me cierra la garganta y no hay dios que lo pase. Una vez está cocinado no tengo problema.

37. Aparte de MB, MA y Ventrue, mi amiga más antigua es Siana, una chica de Madrid a la que conocí en un campamento cuando tenía nueve años. Nos carteamos durante siglos y un día nos encontramos por total casualidad en el chat de Terra. Fue muy cómico y un poco terrorífico.

38. Cuando tenía 12 años escribí una novela sobre Robin Hood y Marian. Mi padre la vio en el pc y lo comentó de pasada, y me dio tanta vergüenza que la borré inmediatamente después.

39. #2 es una señal segura de que no es alergia sino catarro.

40. Tengo los ideogramas de Kabuki tatuados en el empeine del pie izquierdo y David Mack me preguntó por ellos cuando lo mencioné en twitter *desmayo fangirl*

41. Si sólo pongo una “D/P” en los “xD/xP” mientras chateamos es que me pasa algo. Algo Malo.

42. Soy torpe y me hago daño con cosas que deberían ser inofensivas a niveles que hacen a JP preguntarse cómo he conseguido llegar a la treintena recibiendo puntos sólo una vez y por cuenta ajena. Mi record hasta el momento es sacarme sangre al cortarme con una barra de pan.

43. Hoy para comer tenemos sandwiches de pollo al teriyaki y gambas en tempura. OM NOM NOM NOM.

44. Los días de trabajo como a las 12 y media y ceno al llegar a casa porque desayuno a las 6:30. Los fines de semana seguimos horario español de gente decente que no come a las 12.

45. Aprobé el examen teórico de conducir al segundo intento (en palabras de mi profesor de autoescuela “Por pensar demasiado, mira que te lo dije en clase, que eres demasiado lógica para el código circulatorio”), y el práctico a la primera una semana antes de venirme a Frankfurt.

46. Mi profesor de prácticas de la autoescuela es una de las personas más adorables y con las que más me he reído en toda mi vida.

47. Unos carnavales me teñí el pelo de negro para disfrazarme de Snape y disfrazada y todo me fui a Estvdio a comprar el (creo) quinto libro en español. Al niño que estaba delante mío en la cola comprándolo le dí el susto de su vida.

48. Mi película de Disney preferida es Lilo y Stitch.

49. TPN tiene, a día de hoy, once años, cinco meses, una semana y dos días de edad.

50. La semana pasada decidí, después de mucho pensármelo, aprender a hilar (os pensabais que no iba a caer comentario al respecto? JA). Si tenéis ovejas o la rueca de la abuela tirada en el desván es un buen momento para acordaros de cuánto os quiero :D

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